sábado, 6 de febrero de 2016

MISION MISERICORIDIA: Atendiendo a la gente que andabs como ovejajs sin pastor

Marcos describe con todo detalle la situación. Jesús se dirige en barca con sus discípulos hacia un lugar tranquilo y retirado. Quiere escucharlos con calma, pues han vuelto cansados de su primera correría evangelizadora y desean compartir su experiencia con el Profeta que los ha enviado.

El propósito de Jesús queda frustrado. La gente descubre su intención y se les adelanta corriendo por la orilla. Cuando llegan al lugar, se encuentran con una multitud venida de todas las aldeas del entorno. ¿Cómo reacciona Jesús?


Marcos describe gráficamente su actuación: los discípulos han de aprender cómo han de tratar a la gente; en las comunidades cristianas se ha de recordar cómo era Jesús con esas personas perdidas en el anonimato, de las que nadie se preocupa. "Al desembarcar, Jesús vio la multitud, se conmovió porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles con calma".

Lo primero que destaca el evangelista es la mirada de Jesús. No se irrita porque han interrumpido sus planes. Los mira detenidamente y se conmueve. Nunca le molesta la gente. Su corazón intuye la desorientación y el abandono en que se encuentran los campesinos de aquellas aldeas.

En la Iglesia tenemos que aprender a mirar a la gente como la miraba Jesús: captando el sufrimiento, la soledad, el desconcierto o el abandono que sufren muchos y muchas. La compasión no brota de la atención a las normas o el recuerdo de nuestras obligaciones. Se despierta en nosotros cuando miramos atentamente a los que sufren.

Desde esa mirada Jesús descubre la necesidad más profunda de aquellas gentes: "andan como ovejas sin pastor". La enseñanza que reciben de los maestros y letrados de la ley no les ofrece el alimento que necesitan. Viven sin que nadie cuide realmente de ellas. No tienen un pastor que las guíe y las defienda.

Movido por su compasión, Jesús "se pone a enseñarles con calma". Sin prisas, se dedica pacientemente a enseñarles la Buena Noticia de Dios y su proyecto humanizador del reino. No lo hace por obligación. No piensa en sí mismo. Les comunica la Palabra de Dios, llevado por su amor y conmovido por la necesidad que tienen de un pastor.

No podemos permanecer indiferentes ante tanta gente que, dentro y fuera de nuestras comunidades, anda buscando un alimento más sólido que el que recibe. No hemos de aceptar como normal la desorientación religiosa dentro de la Iglesia y en la sociedad. Hemos de reaccionar de manera lúcida y responsable. No son pocos los buscan ser mejor alimentados. Necesitan pastores que les transmitan el amor, la misericordia y la enseñanza de Jesús.

Una de las mejores obras de misericordia: Socorrer a los niños

Una de las mejores obras de misericordia que podemos realizar es socorrer a los niños. 

No podemos siquiera imaginarnos lo que significa para  el Corazón de Dios una obra de amor hecha a un pequeñuelo.

Si los hombres tuviéramos una mirada más inteligente y miráramos el mundo con otros ojos, no seríamos, como  ahora, tan torpes para descubrir los verdaderos tesoros. Porque pensamos que los tesoros son las riquezas materiales, las pompas, las “cosas”; y no nos damos cuenta de que los verdaderos tesoros, que son los que tocan el Corazón de Dios, son las miserias humanas, especialmente las de los niños que sufren y necesitan ayuda, ternura, amor.

Al menos quienes nos decimos cristianos, abramos los ojos y dejemos de ir en pos de la mariposa de colores, es decir, detrás del dinero y los bienes materiales, que nunca nos pueden saciar; corramos más bien corramos en auxilio y socorro de tantos niños que viven en medio del sufrimiento.

A veces desperdiciamos tanto tiempo de nuestra vida y tanto dinero en tonterías o cosas superficiales, siendo que podríamos emplearlos en socorrer a muchos niños y así ser realmente felices nosotros, porque quien hace el bien se siente tan contento y conforme consigo mismo que le viene como una sed inextinguible de continuar haciendo el bien, cada vez más, como una carrera que termina en el Corazón de Dios.

Si estamos descontentos con nuestra vida, si no sabemos qué hacer con nuestro tiempo libre, si tenemos riquezas materiales, pero nos sentimos frustrados o deprimidos, vayamos a ayudar a los niños del mundo, los más cercanos, y Dios nos bendecirá, Además, recuperaremos las ganas de vivir y nos sentiremos útiles sirviendo a Dios en sus hijos más débiles, indefensos y pequeños.

Esto, y acciones similares, es lo que Juan Eudes llamaba “llevar en el corazón las miserias de los miserables” actuando para solucionarlas.



CANCIONES PARA ORAR: TE ESPERO - SALOMÉ ARRICIBITA

PALABRA DEL DIA: Mc 6,30-34: Andaban como ovejas sin pastor

Jesús quiere huir siquiera un momento de la gente. Ellos están regresando de misionar, se merecen un descanso. Y no tienen tiempo ni para comer. Pero no hay manera de ocultarse. 
Pero la gente acude de todas partes, se han transmitido sin teléfonos celulares la noticia de que Jesús y sus discípulos se encuentran por allí. Este movimiento creado por Jesús no puede escaparse de la gente. 
Tal es la nota de Marcos. Por eso tienen que ocuparse de ellos. Son pueblo desorganizado, ovejas sin pastor. Necesitan enseñanzas. Y estas enseñanzas nacen en Jesús, como en la parábola del samaritano, de la compasión, de la misericordia. 
En otros pasajes la compasión es porque no han comido (Mc 8,2). Aquí la compasión es porque Jesús los ve desorganizados. No hay nadie que se ocupe de ellos. Necesitan un líder que a través de la enseñanza, los organice como pueblo, y responda a sus inquietudes. No componen un pueblo, son una masa abandonada, despreciada, sufriente. 
La compasión de Jesús va dirigida a enseñarles para transformarlos en pueblo, y atender a sus necesidades. Tal es la imagen de Jesús que más nos recuerda Marcos: es el hombre que enseña y sana (Mc 10,1) 
Por eso los misioneros, los discípulos, los apóstoles, debemos se, como éster los servidores de la palabra,los animadores de la comunidad, lo sanadores del pueblo.

viernes, 5 de febrero de 2016

Más misericordia que liturgias y ofrendas


El gran reto cristiano hoy es aprender a poner toda nuestra actividad a la luz de la misericordia divina, para que se convierta en instrumento y pro­longación de esa misma misericordia divina. 
Para ello es importante que nuestro "deseo" se estructure, unifique y radicalice en la dirección provo­cativa a la que apunta Jesús: «sean misericordiosos (=buenos del todo) como misericordioso es su Padre del Cielo» (Mt 5,48; Lc 7,36). 
San Juan de la Cruz expresó de un modo sublime ese deseo puesto ya en acción: «Que ya sólo en amar es mi ejercicio». Y es que cuando el cristiano se abre al Amor de Dios, disponible y agradecidamente, todo cambia en él: es re-creado, re-fundado, re-hecho. Y, como fruto de esa re-fundación operada por el amor de Dios, el antiguo ser, posesivo y excluyente, se transforma en una casi infinita posibilidad de amor gratuito. Ello hace posible que el hombre pueda ser realmente santo «como Dios» (Mt 5,48) y adherirse íntimamente a Cristo para «reproducir su imagen» (Rom 8,29). 
Pero esa experiencia está llamada también a prolongarse en un obrar como el del Padre y el del Hijo. 
Típico del obrar del Padre es poner ser donde no hay nada, in­clusión en la exclusión, vida en la muerte, misericordia en el pecado, espe­ranza en la inmanencia cerrada, apertura tota en lo pastoral... 
Típico del obrar histórico del Hijo es reali­zar el sueño de Dios sobre el mundo a través del compromiso "sesgado" de su vida en favor de los pobres. Para ser universal, el ágape de Dios y de Jesús se hace apasionadamente "parcial".
La espiritualidad de la misericordia tiene que andar por ahí. Salir del ámbito asfixiante de la legalidad, apartarse de una vida cristiana vivida como mero cumplimiento o bajo la compulsión del deseo, para abrirse al apasionamiento e inventiva del Espíritu del amor. Nos invita a "acurru­carnos" en torno al Espíritu de la misericordia y a dejarnos configurar por él, lo cual equivale a configurarnos con Cristo, convirtiéndonos, como decía san Agustín, en otros tantos Cristos.
Tenemos que atrevernos a pensarnos así siempre, como criaturas amadas y por eso capaces de amar, contra toda otra constatación de lo contrario, y en final de cuentas como otros tantos Cristos. Esa experiencia nos abre al gozo y a la dinamiza­ción personal, dos facetas de las que tan necesitados andamos hoy en día. La Iglesia entera, y dentro de ella cada comunidad y cada cristiano, deberíamos congregarnos en torno a la misericordia, subordinando  y ordenando todo -acciones,instituciones y carismas- a su servicio. 

De ahí la expresión de Juan Eudes: “Somos misioneros de la divina misericordia enviados por el Padre de la misericordia a distribuir los tesoros de la misericordia a los míseros... y para llegarnos a ellos con espíritu de misericordia, de compasión y de bondad” (OC X, 399).
Esa es la única manera que tenemos de hacer presente a Jesús en el complejo, inhumano y deshumanizado mundo de nuestro tiempo: poniendo la misericordia por encima de todas las liturgias y ofrendas. Mejor dicho, expresar, como acabamos se decir, siempre con y desde la misericordia nuestras liturgias, nuestras ofrendas y nuestros servicios.



miércoles, 3 de febrero de 2016

MISERICORDIA: Un solo corazón con Cristo


El cristiano 
«ha de tener un solo espíritu, 
un solo corazón, 
un solo amor, 
con el Hijo de Dios».

San Juan Eudes 

(OC VIII Eudes,212)

Situaciones que claman misericordia

Pregunté a los hombres: ¿Qué llevan envuelto en ese fardo, hermanos?
Y ellos me contestaron: “Llevamos un cadáver, hermano”.
Así que les pregunté: ¿Lo mataron o murió de muerte natural?
- Lo que preguntas tiene difícil respuesta, hermano. Pero más bien parece haber sido un asesinato.
-¿Y cómo fue el asesinato? ¿Acuchillado o con bala, hermanos?, les pregunté.
-No fue un cuchillo ni una bala, ha sido un crimen mucho más perfecto, un crimen que no deja huella alguna.
-Entonces, ¿cómo lo han matado? - pregunté. 
 Y ellos me respondieron con calma:
-A ESTE HOMBRE LO HA MATADO EL HAMBRE, HERMANO.
 Josué de Castro

¿Qué diría Juan Eudes ante situaciones como ésta?