Mostrando entradas con la etiqueta NIÑOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NIÑOS. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de agosto de 2016

Millones de niños, que mueren de hambre, siguen clamando justici ante Dios



Y mientras millones  de niños, como éstos, 
se mueren de hambre, 
en diversos países del mundo, 
muchos gobiernos, 
incluso los que se llaman a sí mismos socialistas,
 siguen gastando millones en armas 
y otros tantos millones en corrupción...
Pero cínicamente siguen hablando 
de pobres y de justicia.
¡Éste es un crimen de ésos que claman al cielo
y dan asco!
¿Cómo pensar en construir la paz 
en un mundo así,
sobre el hambre y la miseria
de millones de seres humanos,
especialmente criaturas que están empezando a vivir?

domingo, 31 de julio de 2016

El hambre de los niños tiene que cuestionarnos más a quienes nos decimos eudistas...

He estado viendo hoy, una vez más, algunas fotografías de ésas que estremecen el alma. No sé si les pasa a ustedes, pero a mí cualquier fotografía de un niño hambriento me toca en lo más hondo, y la siento como una cachetada al pensar en cómo estamos viviendo nosotros, mientras por ahí y por allá millones de niños perecen de pura y simple hambre.

Y esos niños están cada vez más cercanos  en esta dolida Venezuela siglo XXI de las múltiples carencias.
Ese tipo de fotografías revuelve el alma, no sólo por la realidad que muestran de unos niños y bebés que subsisten, a duras penas, en países azotados por el hambre, por las guerras, por la más insana violencia…, lo cual ya de por sí es tremendo; sino también por la “otra realidad”, que muestran la otra cara de la fotografía… la de la gente que vivimos más o menos cómodamente sin mayores carencia, más bien, sobrados y ahitos de tantas cosas inútiles, mientras otros se perecen de alma.
Como decía alguien, ver esas fotografías nos convierte, al mismo tiempo, en “Observador” y “Observado”. Como “Observador” duele contemplar esta tremenda injusticia que, apenas, toca el alma… La sensación como “Observado” es totalmente distinta, es como recibir una tremenda bofetada de vergüenza; es como si yo mismo, desde el otro lado de la fotografía, me dijera: “¿pero es que no me estás viendo?… ¿Qué vas a hacer ante esto?”, y me irritado conmigo mismo, me indigno ante la situación y durante un buen rato siento el cosquilleo  de esa bofetada.
Y como misionero de la misericordia me pregunto, una y otra vez, qué hemos hecho con la orden de Cristo, en aquella ocasión famosa de la multiplicación de los panes: “Denles ustedes de comer”.

Cada día palpamos más esta realidad que, a primera vista, puede parecer insuperable. Recibimos esa tremenda bofetada de vergüenza que nos llega a lo más hondo, pero intentamos calmar su cosquilleo pensando: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces», que también podría ser: «Estamos tan lejos... ¿qué podemos hacer?», o un «Yo solo poco puedo hacer para cambiar las cosas»…. 


Y es que olvidamos aquello que decía la Madre Teresa de Calcuta: A veces sentimos que lo que hacemos es tan sólo una gota en el Mar, pero el Mar sería menos si le faltara esa gota“.


Tomemos, una vez siquiera, en serio el mensaje de Jesús: “Denles ustedes de comer”; que nos llegue a lo más íntimo y nos haga movernos; que sea este pensamiento el que calme el cosquilleo de la bofetada y nos lleve a aportar esa “Gota”, que, por muy pequeña e insignificante que la creamos, será nuestra “Gota Personal”; sin la cual… el Mar, el Mundo, hoy Venezuela, ya no sería la misma.


¡Denles ustedes de comer!




viernes, 27 de mayo de 2016

¿Dónde ha quedado el llamado de Jesús a ser misericordiosos como nuestro Padre Dios es misericordioso?



¿Qué te dice esta fotografía?

¿Qué exégesis puedes hacer de su situación?

¿Qué significan niños como éste,
que son millones, 
marcados por la injusticia, la pobreza, el hambre, la soledad,
para nosotros que nos decimos cristianos?

¿Cómo predicarles la Buena Noticia
si nos los sacamos antes de su miseria?

¿Acaso no sientes que es Dios mismo
quien te está cuestionando,
interpelando,
y enviando,
a través del rostro adolorido y sufriente
de este niño?

¿Puedes irte a la cama en paz,

como si no estuviera pasando nada?

¿Dónde ha quedado el llamado de Jesús
a ser misericordiosos
como nuestro Padre Dios es misericordioso?

lunes, 14 de marzo de 2016

MISERICORDIA ESPECIAL PARA CON LOS NIÑOS QUE SUFREN

Una de las mejores obras de misericordia que podemos realizar es socorrer a los niños. 

No podemos siquiera imaginarnos lo que significa para  el Corazón de Dios una obra de amor hecha a un niño.
Si los hombres tuviéramos una mirada más inteligente y miráramos el mundo con otros ojos, no seríamos, como  ahora, tan torpes para descubrir los verdaderos tesoros. Porque pensamos que los tesoros son las riquezas materiales, las pompas, las “cosas”; y no nos damos cuenta de que los verdaderos tesoros, los que tocan el Corazón de Dios, son las miserias humanas, especialmente las de los niños que sufren y necesitan ayuda, ternura, amor.

Al menos quienes nos decimos cristianos, abramos los ojos y dejemos de ir en pos de la mariposa de colores, es decir, detrás del dinero y los bienes materiales, que nunca nos pueden saciar; corramos más bien corramos en auxilio y socorro de tantos niños que viven en medio del sufrimiento.

A veces desperdiciamos tanto tiempo de nuestra vida y tanto dinero en tonterías o cosas superficiales, siendo que podríamos emplearlos en socorrer a muchos niños y así ser realmente felices nosotros, porque quien hace el bien se siente tan contento y conforme consigo mismo que le viene como una sed inextinguible de continuar haciendo el bien, cada vez más, como una carrera que termina en el Corazón de Dios.

Si estamos descontentos con nuestra vida, si no sabemos qué hacer con nuestro tiempo libre, si tenemos riquezas materiales, pero nos sentimos frustrados o deprimidos, vayamos a ayudar a los niños del mundo, los más cercanos, y Dios nos bendecirá, Además, recuperaremos las ganas de vivir y nos sentiremos útiles sirviendo a Dios en sus hijos más débiles, indefensos y pequeños.

Esto, y acciones similaares, es lo que Juan Eudes llamaba “llevar en el corazón las miserias de los miserables” y actuar para solucionarlas.